Una pregunta que escucho habitualmente es ¿De qué hablo? ¿Cómo hago para hablar durante horas y tirar un tema de conversación tras otro? Bueno, hay dos factores que se plantean aquí. Por un lado, todos tenemos algo que decir. Todos tenemos aventuras que hemos vivido y millones de opiniones sobre diversos temas. ¿Cuando hablamos con un amigo acaso no nos la pasamos hablando de millones de temas durante horas? ¿Cuál sería la diferencia? ¿No era que habíamos salido para conocer gente?

La mejor forma de generar empatía con alguien es tratarlo con familiaridad, como si fuera un amigo. ¿Por qué? Porque a todos nos gustaría que la gente nos tratara así. Hablar de temas interesantes en forma natural e informal nos relaja. Cuando voy a hablar con alguien por temas profesionales (en una reunión o una entrevista de ventas) lo primero que hago es ponerme hablar de lo primero que se me viene a la cabeza. Obvio, si es hombre los temas del futbol y las mujeres son lo más estratégicamente inteligentes si no conocemos su tema favorito de conversación. Pero la eficacia para generar empatía va más allá del tema sino de la forma en la que hablo de él. Cuando estamos relajados, hablando con amigos, trasmitimos emoción al hablar de un tema porque simplemente nos interesa expresarnos, no impresionar al otro.

Un ejercicio interesante consiste en comenzar a hablar con un amigo sobre algún tema específico y en medio de la conversación, cuando el estado energético está al máximo y sentimos esa necesidad de compartir nuestra opinión y decirle al mundo lo que pensamos realmente sobre lo que sea (“que las películas de Michael Bay son malas, que me di cuenta que amaría irme a Rusia y acabé de encontrar una forma para hacerlo, etc…”), vamos y se lo comunicamos a la persona que tengamos más cerca (si es mujer mejor). Y así empieza. Y cuando nos damos cuenta estamos debatiendo con una, dos, o más personas y luego, sin darnos cuenta, cambiamos de tema y nos estamos matando de la risa, disfrutando el momento. No negaré que la cerveza puede ayudar en este proceso pero conviene generar una estado “alegre” natural para no anclarnos a ninguna sustancia externa (alcohol, cafeína u otros).

Ejemplo de cómo iniciar una conversación en forma natural con una mujer

Estaba en un bar con amigo y le empecé a comentar que realmente tenía muchas ganas de irme a Rusia para estudiar el idioma (amo aprender idiomas). Pero no se me ocurría como hacerlo. De pronto, de la nada, vino a mi mente una idea de cómo lograrlo. Se me ocurrió utilizar un convenio laboral existente entre mi trabajo actual y una empresa rusa. En ese instante, salí corriendo hacia un grupo de dos mujeres y les comenté la situación con emoción que ya tenía la forma de lograr lo que quería. Una de ellas me dijo: “Tuviste una epifanía”. Y se rió. Comenzamos a hablar de viajes y países lejanos.  

Ejemplo de cómo iniciar una conversación en forma natural e integrarse a un grupo

“Recuerdo que una vez me encontraba en Plaza Serrano a eso de las 21hs. En aquel entonces estaba con un amigo quien también poseía el mágico don de la charla y el carisma. De pronto, escuché a una persona hablando francés. Sin dudarlo, me acerqué a él rápidamente y le comencé a hablar en un francés coloquial. Como era raro para él escuchar hablar a un extranjero en un francés tan informal, la persona se rió y comenzamos a charlar sobre distintos temas. Resultó que era parte de un grupo enrome de estudiantes extranjeros. Como hubo buena onda y se generó empatía nos invitaron a comer con ellos. Era un grupo de 12 personas por lo que se entra en la lógica de un grupo grande. Lo mejor que se puede hacer en esos casos es ir generando empatía individualmente y después liderar el grupo. ¿Cómo? Proponiendo actividades es una buena forma. Recuerdo que estábamos en la mesa y propusimos jugar a un juego para tomar. El célebre “Yo nunca”. Comenzamos a jugarlo y nos divertimos enormemente. Las chicas del grupo nos miraban con deseo”.

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Autor: Adrian Des Champs (Hume)

Mail: hume@uniseduccion.com

Foto: Marcos de Madariaga