La verdad que me sentía como si estuviera en un especie de limbo. Si bien tenía que ir al Ministerio de Economía a trabajar hasta fines de diciembre, la verdad a nadie le importaba si iba o no. Así que ¿Para que ir si no hay nada que hacer y encima no quieren que vaya? Entonces ¿Que hago? Disfrutar la vida, salir y encarar cuanta damisela me cruce. Pero la verdad tenía ganas de ir a disfrutar un poco de una mis pasiones que era la historia.

Había escuchado que en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires iba a ver un exposición sobre la crisis migratoria europea desde el punto de vista de los inmigrantes de África del norte. Un tema que me interesa por la cantidad de amigos que tengo en Argelia. Ademas era miércoles, la entrada estaba a mitad de precio y de seguro que me iba a encontrar con alguna hermosa chica que compartiera mis gustos.

En eso, me llama mi compinche de “Day Game”, el groso de gorosos: mi buen amigo Nueve, un fotógrafo excepcional siempre tan apasionado por lo temas esotéricos. Le comento sobre mi ida de ir al museo y el acepta la invitación sin bacilar.

Llegamos al museo a eso de las 14hs. El sol iluminaba las calles de Buenos Aires, en un día de verano esplendido. Me encanta sentir el calor de los rayos del sol cuando se frotan en mi piel. Con el nivel energético digno de un monje budista entramos al museo. Al llegar al segundo piso, me distraje viendo unos cuadro de Botero, cuando noté que Nueve había comenzado a hablar con una hermosa chica, la cual llamó mi atención por sus hermosas curvas. Con un cuerpo esplendido y una carita de ángel parecía una obra de arte más del museo. Una estudiante de diseño gráfico de 20 añitos oriunda de suiza, estaba recorriendo las principales ciudades de Latinoamérica antes de volver a su tierra natal.

Me acerco a ella y me presento. Comenzamos a hablar con ella en forma tranquila aunque yo trataba de tener una actitud pasiva ya que Nueve era quien había comenzado la interacción. Sin embargo desde el principio noté que la muchacha me miraba con dulzura. Lo interesante era lo que ocurría con su lenguaje corporal: cada vez que yo me movía un poco, ella me acompasaba con el cuerpo. Es decir, si me alejaba unos centímetro ella se corría un poco hacia mí. Al mismo tiempo noté que ella prestaba más atención cuando yo hablaba que cuando lo hacia Nueve. Interesante. Igualmente yo seguía tomando una actitud pasiva en la conversación. Aportaba algún otro comentario pero dejaba que mi compinche liderara la interacción. Algo que noté, es que cuando él más trataba de captar su atención más ella dirigía su atención hacia mí.

Ya había estado en una situación parecida. A veces cuando uno se comporta en forma pasiva, calmada, emitiendo los comentarios adecuados en los momentos justos mientras otra persona intenta acaparar desesperadamente la atención, la damisela se ve cautivada por el ser misterioso, callado, pero sin embrago cautivante. Y es cierto, había hecho un par de comentario perspicaces y graciosos. Y encima en francés, lo que creo cierta complicidad entre nosotros. Era un juego puro de tira y afloje. En cuando me alejaba ella se acercaba. Gracias al curso de teatro que había realizado con quien, probablemente la mejor profesora del mundo, había desarrollado un agudo sentido de la observación. Me sentía como Neo al volver de la muerte en el final épico de Matrix. Era realmente increíble.

En un momento Nueve propone ir a tomar un café al la pequeña cafetería que se encontraba al costado del museo. Nos sentamos en una mesa. Dejé que nueve se sentara al lado de ella mientras que yo me senté enfrente. Nueve era un tipo muy hábil para la seducción. Desde el primer momento que empezó a hablar con ella ya había hecho un kino muy intenso y en forma muy hábil ¿Que hacia? Con un temple de acero usaba alguna que otra excusa que generaba la conversación para tocar su cuerpo. Por ejemplo, al estar hablando de el tipo de cuerpo que poseían la chicas en suiza, él aprovechaba para apoyar sus manos sobre su vientre y su cadera en forma muy gentil. Para nade lo hacía con una actitud de pajero (como lo hubiesen hecho la mayoría de los hombres). Lo hacía con temple. Como un profesor de Yoga corrigiendo la postura de una de sus alumnas. Mi gran maestro Inspiron es quien me había enseñado esta sabia lección. El solía decir con un tono de sabio filósofo de la antigua Grecia: la diferencia entre el pajero y el seductor está en el temple.

Nueve era un tipo con mucha presencia, de gran tamaño y con una actitud de calma zen admirable. Por eso me llamó la atención que la chica se fijara más en mí. Él realmente sabía lo que hacia pero justo en ese momento me pareció que estaba forzando las cosas. Creo que a veces la atracción se genera por valores relativos, es decir cuando se están comparando dos o más pretendientes. Y tiene sentido el cerebro piensa en relativos no en absolutos.

En ese momento debo admitir que de mi cuerpo solo emanaba paz y tranquilidad. Tal vez era porque estaba comenzando una nueva etapa en mi vida. Porque disfrutaba el momento, el calor de la tarde y la buena compañía. Me sentía pleno, lleno de una virtuosa calma zen. Sabía que en unos meses partiría a Colombia para comenzar una nueva vida. Ya no dependería de nadie y podría trabajar en lo que amaba. Ser mi propio jefe, viajar y conocer nuevas realidades. Supongo que esos pensamiento me ponían este estado de calma. Dicen que los pensamientos generan palabras y las palabras acciones. Ahora en retrospectiva lo puedo entender.

Mientras bebíamos nuestras infusiones yo le comentaba sobre los cambios en mi vida y mis futuro viaje. Notaba que ella se interesaba más y más. Nueve le comentó acerca de sus actividades de trabajo comunitario dando clases gratis de artes marciales en las villas de emergencia (algo sin duda loable o de alto valor como se dice en la jerga de la seducción). Esto último hubiera funcionado en otras circunstancias ya que él era una persona con mucho valor. Sin embargo, creo que en esta situación particular, las menciones a dichas actividades parecían más un intento por recuperar la atención.

Como sea, en momento de la conversación le digo a Nueve y a la suiza que me iba a retirar cuando, de repente, él me dice que el también se tenía que ir y que sería una buena idea que yo me quedara un poco más. Eso lo entendí como una señal de que yo tomara la interacción y eso fue lo que hice.

Al quedar a solas con ella comenzamos a hablar en francés. Por algún motivo me siento más cómodo hablando en ese idioma. Como sea, empezamos a hablar de nuestras pasiones, de los viajes que habíamos realizado y de nuestros proyectos de vida. Realmente notaba una profunda atención y admiración por parte de ella. Por otro lado, notaba en ella un aire creativo y espontaneo. Algo que realmente me atrae en una mujer. Mientras hablaba de sus estudios y de su experiencia en Argentina yo la observaba muy atento. Realmente sentía curiosidad por comprender sus motivaciones para realizar los viajes que había hecho y las decisiones que había tomado. Como ella a veces intercalaba del inglés al francés y viceversa, decidí preguntarle que la motivaba. Literalmente le pregunté: “Ok, but what drives you?”. Que literalmente se traduce como “¿Que te motiva?, ¿Que es lo que te mueve?” Ella se quedó perpleja. Evidentemente había pegado en el clavo. Se quedó en silencio por un momento, muy pensativa. Sus ojos bajaron hacia abajo a la izquierda, como conectándose con algo emocional. Yo espere en silencio y pacientemente su respuesta. En estos momento de reflexión, el silencio tiene su razón de ser y no debe preocuparnos. Simplemente lo dejas ser y dejas que ella continué la interacción.

Al cabo de un minuto ella dijo: “Es una excelente pregunta, nunca lo había pensado. Creo que lo que me mueve es conocerme a mí misma a través de lo que hago, a través de mis experiencias ¿Se entiende?” Yo asentí sonriendo tiernamente. Ella continuo: “Me gusta expresarme con el cuerpo y la mente por eso amo las artes teatrales.” En ese momento mis ojos brillaron y decidí comentarle con entusiasmo mi reciente experiencia con el teatro con aquella profesora que tanto me había enseñado y con quien estaba realmente agradecido.

Al decir eso, ella me dijo que le gustaría meterse en el mundo de la actuación pero que era muy tarde para ella. Ahí, ingeniosamente, aproveché el comentario y le dije: “¿Me estas jodiendo? ¿Decís eso teniendo 20 años? Naaa, me voy chau.”

Me levanté del asiento e hice como si me fuera a ir, pero en realidad todo fue una maniobra calculada para sentarme al lado de ella. Al hacerlo continué la conversación. Comenzamos a hablar de nuestras respectivas infancias y cuando ella hizo un comentario tierno sobre una anécdota, una vez más aproveché la situación: Me le acerqué y le dije: “Que tierna” y la bese en la mejilla. Al hacerlo noté que ella no giró el cuello. Ahí me di cuenta que estaba lista para ser besada.

Entonces retomé la conversación y esperé nuevamente a que el tema charlado la llevara a ese estado de receptividad que se expresa con una sonría y los famosos “ojitos de cachorro” (pupilas dilatadas). Cuando eso ocurre hay que ir por el beso sin dudarlo. Ese es el momento justo. Y eso fue lo que hice: primero la volví a besar tiernamente en la mejilla, y luego fue hacia la boca. Nos besamos un rato hasta que ella me propuso volver al museo para seguir viendo las muestras.

Era interesante seguir observando su lenguaje corporal. Cuando me acercaba, ella se alejaba y cuando me alejaba ella se acercaba. Los mismo sucedía si aumentaba la intensidad de los besos. Tenía que ser yo quien parara o redujera la intensidad para que ella la aumentara. En un momento la lleve al cuarto de exposiciones precolombinas y la llevé contra una pared. En ese momento pensé para mis adentro: “Ya fue, me la enhebro acá, acabaré con la cultura”. La temperatura empezó a subir pero ella me detuvo y continuamos nuestro paseo cultural. Al salir del museo, la acompañé a la parada del colectivo y allí intercambiamos números y Facebooks. La idea era vernos esa misma noche a lo que ella me dijo: “Mira que no va a haber sexo”, a lo que yo respondí, “Por favor, quien te crees que soy, no soy tan fácil querida”. La famosa frase “roba marcos” siempre es efectiva cuando te tiran ese tipo de frases. Ella se ríó, nos besamos y nos despedimos. Al final no pudimos encontrarnos pero quedamos en contacto. Tal vez algún día la vuelva a ver. Fue un lindo día sin duda. Fabianne era su nombre.

Al día siguiente decidí hacer lo mismo. Ir al museo y terminar de ver la muestra. Paseando por el segundo piso no pude ignorar a una hermosa chica que se encontraba en la sala. Tenía una físico muy parecido el de Fabianne: delgada, menudita y con una hermoso rostros. A diferencia de la chica suiza, ella tenía el pelo más corto y era rubia. Tenía una hermosa piel… (continuará)