Cuando leo en algún que otro libro de seducción cuan categóricamente afirman ciertas cosas me río ya que la vida es tan variable y tan azarosa que es difícil establecer reglas solidas como rocas. Por supuestos, ciertos juicios no permiten enfrentar la incertidumbre del futuro pero un exceso de estos podría llevarnos a ser robots sociales. Quiero aclarar que los modelos sirven para movernos en un mundo de incertidumbre pero siempre hay que recordar que “El mapa no es el territorios”, y todo depende más del “como” que del “que”.

Recuerdo la vieja advertencia de que no hay que regalarle flores a una chica. Bueno, yo creo que todo es relativo como decía Albert. Y el cogía mucho. Si bien es cierto que se había comido muchos bagres en su juventud esto no quita que sea cierto. Esta discusión la tuve con una amigo fanático de las rutinas y reglas enunciadas por los libros de seducción.

Yo le aposté que era capaz de abrir una chica por la calle regalándole un bello ramo de flores. Al escuchar mi propuesta, mi amigo se echó a reír y me dijo que con gusto aceptaría la apuesta. De hecho me iba a filmar con su celular para documentar mi fracaso.

En ese mismo momento salimos a la calle a verificar o rechazar la hipótesis, tan hipotéticos deductivos que eramos. Como por dentro me estaba matando de la risa de lo ridículo de la situación no pude contener reírme mientras compraba las flores. Tomé el ramo con firmeza y avance uno metros cuando visualicé una hermosa  joven que venía directamente hacia mí. Sin dudarlo me puse enfrente de ella a lo que la susodicha se detuvo mirándome con extrañeza.

Yo: Quiero regalarte estas flores. Veras hoy estaba tan de buen humor quería hacer feliz a alguien y me dije a mi mismo: “Voy a regalarle un ramo de flores a la primera chica hermosa que vea por la calle”. Y resulta que fuiste vos.

La cara de ella fue digna de una obra de arte. Pasó de extrañeza y desconfianza a emocionarse de una forma conmovedora. Realmente era una hermosa chica oriunda de Olivos que por esas cosas de la vida estaba ahí en el viejo barrio de Palermo.

Ella: ¡Gracias! No sabes cuanto lo aprecio. De hecho cuando te vi con la flores de lejos, no sé porque pero por un micro segundo pensé: “Ojala que me las regale a mí”.

Yo sonreí al escuchar dichas palabras y ella me abrazo cálidamente.

Yo: Veras esta idea me surgió cuando era chico. Tenía un profesor de teatro que decía que teníamos que hacer cosas para alegrarle la vida a la gente. Sobre todo que ahora la gente anda por la calle re de mal humor y muy desconfiada.

Ella: Es una idea genial. Es verdad que la gente anda con un humor terrible. Me encanta lo que haces. Hace cuanto haces teatro?

Yo: En realidad desde muy chico. Después dejé por muchos años y recién el año pasado retomé con una profesora que es la mejor que jamas he conocido. Tan buena es, que me voy todos los miércoles hasta Tigre para asistir a sus clases.

Ella: Guau! Debe ser buena! Yo tengo muchas ganas de empezar. Por cierto ¿Como te llamas?

Yo: Adrián y vos.

Ella: Isabel

Yo: Escuchame querés ir a tomar algo por acá cerca?

Ella: No puedo justo, estoy yendo para casa…

Yo: Pasame tu celu y arreglamos para otro dia.

Ella: Ese que..tengo novio…mmm bueno te paso mi facebook.

(Como se nota que muchas mujeres están con alguien para evitar no estar solas).

Me pasa su FB y hablamos durante un rato más. Luego de eso, nos despedimos con una cálido abrazo.

Siempre me río en estas situaciones. En parte por lo ridículo de la situación y por otro lado por la alegría que sentía al alegrarle el día a alguien. Dicen que la mejor forma de ser feliz es hacer feliz a alguien.

Me acerco a mi amigo quien había grabado la interacción y me dice riéndose: “Sos un hijo de puta, te odio”.

Acá esta el vídeo de la interacción