Vivimos en la era del desarrollo personal. Libros, vídeos, seminarios, coaching, programación neuro lingüística.

Todos queremos ser la mejor versión de nosotros mismos aunque no estamos muy seguros de lo que eso quiera decir ya que repetimos como loros retrasados los conceptos que aparecen en los libros y que los gurús bananas del desarrollo personal exclaman una y otra vez.

Todos queremos salir de la zona de confort pero tampoco sabemos de qué estamos hablando cuando nos referimos a ella ni tampoco sabemos cómo salir de ella.

En realidad no sabemos nada, simplemente repetimos un discurso vacío que leemos en los libros o de los vídeos que vemos. Esa es la verdad. Repetimos las palabras y expresiones de otros simplemente porque nos parecen bonitas o científicas.

Es más, nos las pasamos leyendo libros de desarrollo personal para evitar desarrollarnos realmente. Esa es la verdadera ironía. Este actuar se ha convertido en nuestra cálida zona de confort valga la redundancia. Creemos que hacemos algo pero solo hemos encontrado una excusa para no hacer nada. Es lo mismo que la paradoja de vivir el presente: nos obsesionamos con vivir el presente en lugar de disfrutar el presente.

Sin embargo, nuestra excusa para no cambiar es simplemente hermosa y atractiva: leer textos que nos motivan y nos cambian el ánimo. Ver vídeos que nos tocan el alma. Nuestro espíritu vuela pero nuestro cuerpo no va ningún lado. Nuestra cabeza está en el cielo pero nuestro pies ya no están más en la tierra.

Si queremos salir de la bendita y estereotipada zona de confort, nos ponemos a leemos “Saliendo de la zona de confort” escrito por el coach banana de seducción o desarrollo personal de moda.

Cómodos y pasivos

En la maravillosa novela “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, los habitantes de aquel mundo distópico consumían “Soma”, una droga que los llenaba de una felicidad artificial y los mantenía en un estado de pasividad constante. Ellos eran felices, al fin y al cabo, estaban condicionados para serlos.

No conocían otra cosa entonces ¿Para qué cuestionar sus rutinas? ¿Para qué analizar las falencia del mundo donde vivían? Ya eran felices, por más fría e inhumana que era su existencia. Ellos no podían ver más allá de lo que hacían día tras día. Ni siquiera se les ocurría pensarlo. Una vida sin propósito, donde el vacío existencial era llenado por un discurso repetido toda la vida.

De tanto repetirlo todos terminaron por creerlo. En aquel mundo se había alcanzado la mayor de la revoluciones: que no haya ninguna revolución.

Repetir un discurso una y otra vez crea un cemento artificial que llena ese vacío existencial que sientes. No tuviste que hacer nada, simplemente leer aquel discurso y cuando el cemento se disuelve buscas otro libro para volver repetirte el discurso una vez más. Sigues consumiendo tu “Soma”. Nada cambia. No hay revolución.

Para que haya cambio, es necesario que haya sufrimiento. El sufrimiento es parte de la existencia humana. En lugar de evitarlo y negar su existencia, abracémoslo, aceptémoslo tal cual como es. Es el sufrimiento lo que nos hace realizar acciones para ir de un estado actual a un estado deseado. Son las cicatrices las que nos recuerdan que el pasado fue real.

Los libros de desarrollo personal, emprendimiento y todos aquellos escritos para el pobre que aspira ser rico operan como el Soma de “Un mundo feliz”. Lo mismo que los seminarios, las charlas, los vídeos. Toda esa parafernalia está destinada a proveer distracción momentánea del descontento actual.

A pesar de esto, estos libros si pueden proveerte de la motivación y las herramientas para salir del pozo. Pero ¿Qué hacemos? Absolutamente nada. Nos contentamos con esa dosis momentánea de adrenalina y la usamos para decir “Estoy bien, no necesito hacer nada.” Y nada hago.

Ejecutar una acción, significaría trabajo, tiempo, esfuerzo, dolor y sufrimiento. Y eso nos da miedo.

Somos seres hedonistas, nos alejamos del dolor y buscamos placer. Pero no olvidemos que el dolor puede ser nuestro mayor aliado para recordar quienes somos. Gracias al sufrimiento sabemos que es la felicidad. Gracias a él, llegamos a nuevo puerto, evolucionamos. El momento en el que más aprendemos es precisamente cuando más sufrimos. Es superar ese momento lo que nos hace crecer.

Pero pasar ese momento es duro. Es más fácil negarlo y consumir nuestra dosis de falso optimismo. Consumir nuestro Soma de desarrollo personal. Eso nos da la tranquilidad y la felicidad que tanto buscamos sin realizar un solo esfuerzo. Pero solo se trata de una ilusión.

Empieza a pasar a la acción, atrévete a vivir. Atrévete a equivocarte ¿Qué es lo peor que puede pasar? El error es tu gran maestro. Si, tendrás que esforzarte. Si, tu orgullo sufrirá al equivocarte ¿Pero sabes qué? Es parte del proceso. Ríete, disfrútalo.

Y en lugar de leer libros de desarrollo personal y sus variantes empieza leer literatura y poesía que es más entretenida y te hará un ser inteligente, sensible e interesante. Sino lo único de lo que le podrás hablar a una mujer es de desarrollo personal y eso es medio aburrido.

Conviértete en alguien interesante así no terminas escribiendo en los foros: “este texto es muy largo” evidenciando que eres un analfabeto funcional que no terminó la primaria.

Sal, prueba, equivócate y aprende.