Estaba volviendo de un curso de constelaciones familiares. Al subir al colectivo divisé a un chica con aspecto de “geek” en el asiento cercando a la puerta del medio. Estratégicamente me senté al lado de ella y así como si nada le dije: “¿Qué tema este el de la inflación, los precios no paran de subir ¿Viste?”. La chica me miró desconcertada por la forma en la que inicié la interacción. Me comenta: “Sí, la verdad esta todos carísimo”.

Entonces yo prosigo con mi discurso de consumista indignado y economista rabioso: “La verdad los del INDEC y el tema la caída de los salarios reales…bla bla….”. Ella se prende en mi planteo y comienza a opinar. En eso le hago algún que otro comentario gracioso.

En esta interacción es preciso remarcar dos cosas:
1) Le hablé de ese tema porque era lo que estaba en mi cabeza en ese momento. O sea tenía ganas de hablar de la inflación sin importar lo que la otra persona opinara (no intentaba impresionar sino plantear una tema que me apasionara o, por lo menos, uno sobre el que tenía ganas de opinar algo).

2) La forma en la que explayé el tema fue al estilo stand up (algo que me sale muy natural) por lo que además de plantearlo de una forma interesante, desarrollé el tema con un rasgo humorístico, por lo que se hizo aún más interesante a los odios de la chica. Somos seres sociables. Fuimos programados para interactuar. Si alguien nos habla de la forma en la que hablé a ella uno siente ganas de participar y meterse en la charla.

En fin, luego cambié de tema y le pregunté a que se dedicaba. Me contestó que era diseñadora gráfica. Lo bueno de ser muy charlatán y de hablar con todo el mundo es que empiezas a saber un poco de cada tema y a conocer gente de los ámbitos más locos. Entonces le dije: “Ah que bien ¿Haces diseños de páginas webs o te dedicas a la animación?” Le pregunto. Y ella me responde: “A la animación”. A eso yo replico: “Ah qué bien, con 3D estudio o con el otro programa ¿Cómo se llamaba?”.

Fíjense que al contar con esa información ya podía meterme en su mundo. Ya sabía algo de lo que hacía o trabajaba por lo que fue como si estuviéramos en la misma frecuencia (algo que claramente contribuye al confort y a generar empatía). Luego le pregunto que amaba hacer (sus pasiones) y ella me dice que amaba dibujar.

Llegué a mi parada y le dije: “Che me encantaría seguir esta conversación, pasame tu Facebook así lo seguimos en otro momento”. Ella me lo pasa y la agrego. Apenas la contacto le propongo una salida. Ella me comenta que al principio creía que le estaban haciendo una cámara oculta para algún programa de televisión. Me pareció gracioso. Le propuse un bar con buena comida, poca iluminación, poca gente y amplios sillones. Un lugar ideal para crear una atmósfera propia para que suba la temperatura.

Llegue al bar y comenzamos a hablar tranquilamente. Yo me reía por el hecho de que ella pensó que le estaban haciendo una cámara oculta. No es la primera vez que me pasa. Debo ser muy ocurrente con mis comentarios. Como sea, le digo que la voy a besar en el siguiente tema y sigo hablando. Al pasar un rato la beso. Ahí le digo: “Che querés ir a casa a ver un video de…”. Ella se ríe y me mira con cara, como diciendo “No soy boluda ya sé para qué vamos”. Y bueno, tenía 27, ese verso es para las pendejas (25 para bajo). Tomamos un taxi y fuimos para mi casa.