Muchos hombres preguntan ¿Cómo conseguir mujeres que valgan la pena? Y cuando hablo de que valgan la pena no me refiero a un noche se sexo (o varias) sino a una mina con la que realmente podamos compartir cosas y porque no, armar un proyecto juntos. Y sí, también coger mucho que es lo mejor de la vida.

Ya sé que escucharon la frase: “Las minas son una hijas de puta”. Pero eso lo dicen hombres muy resentidos que luego de haber sido humillados por mujeres que no valían la pena en bares y boliches durante años se volvieron misóginos y no pueden ver otra cosa que no sean minas hijas de puta o histéricas. Eso sí, siguen buscando en bares o boliches. Nadie les explicó que la definición de locura es: “Hacer siempre lo mismo y esperar resultados distintos”.

Esto es lo mismo para las mujeres que dicen: “son todos iguales”. Eso sí, siempre van a los mismos lugares (bares o boliches) y casi siempre terminan con “los mismos”. En suma, en los bares tenemos hombres y mujeres profesionales de carreras asquerosamente estereotipadas (abogacía, contabilidad, administración, psicología), muy amargados o resentidos que buscan encontrar lo mismo de siempre. En el caso de las mujeres “los mismos de siempre” y en el caso de los hombres “las hijas de puta y/o histéricas”. Al final, terminan encamados y su profecía se termina cumpliendo. Este triste proceso no se da en todos los países sin embargo en Argentina (y particularmente en Buenos Aires) se da más que en otros. Igualmente este proceso suele verse también en otros lados pero de formas menos extremas.

Recuerdo una anécdota en un boliche donde una mina le dijo a un amigo: “En un boliche no se puede conocer a nadie decente” ¿Y para que estas acá pedazo de pelotuda? Normalmente, si se le hace esa pregunta a una mujer en uno de esos antros, o incluso en un bar, la respuesta es bastante estereotipada: “vengo a divertirme con mis amigas”.

Si tiene menos de 23 viene a eso pero más que nada viene a subir su patética baja autoestima al ver como miles de pajeros le tiran los galgos. Igualmente, pocas lo admiten pero, muy en el fondo, se sienten más solas que la mierda y van a ver si consiguen a una persona decente, cosa que raras veces ocurre en esos lugares. Con el tiempo llegan a los 25 hechas unas cínicas de mierda tal que ningún hombre que valga la pena se interesa por ellas. Siguen con las malas experiencias hasta que llegan a los 30 con una actitud de resentimiento importante. Eso sí, se hacen las superadas por tener “experiencia” y te tratan como el culo. O sea, se dan el lujo de actuar como si todavía tuvieran 20 pero con cuerpo bastante baqueteado. Desde luego, ya los pocos hombres decentes que podrían llegar a soportarlas las evitan a toda costa. Ellos ya están casados con una mujer que vale la pena.

Esas resentidas repiten entonces: “Los buenos hombres están todos casados”. No, pelotuda. No todos. De hecho, muchos de ellos se te acercaron cuando tenías 20 y los agrediste con hiriente sarcasmo o jugaste con ellos por el Whastapp hasta que se cansaron. O simplemente les clavaste un visto. Ahora no te quejes pelotuda. El bar es el infierno a donde van a parar las pendejas histéricas a los 30. Y ahora solo les quedan los hombres resentidos que luego de muchos fracasos y frustraciones odian a las mujeres y van a buscar mujeres resentidas a los bares para confirmar su creencia de que “las mujeres son unas hijas de puta”.  

Más allá de las creencias limitantes de esta pobre gente, hay algo de verdad, en que las personas valiosas son difíciles de encontrar. Tanta era del consumismo, programas de televisión basura, medios virtuales y redes sociales para vanagloriarse y poner fotos en pelotas creó una epidemia de idiotez, baja autoestima y miedo a la vulnerabilidad.

Hace un tiempo atrás describí un breve ejercicio para definir lo que nos gusta en una mujer, es decir hacer una descripción exacta. Cuanto más tenemos en claro lo que queremos más fácil es encontrarlo. No obstante, ahora quiero darte un pequeño consejo que me sirvió bastante a la hora de conocer a una mujer interesante. Una suerte de “prueba” que si la pasan es un buen indicador de que vale la pena conocer a esa persona. Puede sonar un poco generalizador pero si sales tanto como yo durante mucho tiempo y conoces a muchas personas, a la larga empiezas a notar patrones.

Esta es la prueba que hago para descartar toda la basura que hay y tiene que ver con las redes sociales. Por si no lo notaste, las redes sociales crearon una generación de personas que se la pasan vanagloriándose de sus cuerpos y sus logros. Se vuelven adictos a los “Me gusta”. Las mujeres, particularmente las más jóvenes, lo hacen exhibiendo en las redes sociales como Instagram, las fotos de sus cuerpos esculturales para compensar sus bajas autoestimas con superficiales “Me gusta” de pajeros anónimos o conocidos. Si me preguntas, son seres miserables y muchos hombres las odian pero si alguna vez tienes la oportunidad de conocerlas (luego de habértelas enhebrado) verás que lo único que puedes sentir por ellas, si tienes una autoestima saludable, es lástima. Estos seres viven del deseo de terceros y como están muertas de miedo prefieren el contacto virtual que el real, lo que me parece patético.

Mi opinión es que estas minas no valen la pena. Ahora bien, entiendo que tengas mucha leche y que quieras sacarte el morbo de cogerte a estas pendejas pelotudas. Entonces vas a tener que aprender el vendito lenguaje del texto. Yo lo hice una época: aprendí juegos de rol que a estas pelotudas les encanta, aprendí como sexualizar para que manden una foto en pelotas. Hasta aprendí las famosas reglas del acompasamiento. Y me logré coger a un par. Por una mitad sentí lástima y por la otra mitad…bueno eran una locas de mierda.

Ahí me di cuenta de algo importante:

Uno de mis estándares con las mujeres es que sean personas seguras, inteligentes y de auto estimas saludables. Así como una mujer que fuma ya te da la pauta de algún problema tiene, una histérica también subcomunica que tiene problemitas, por más que no sean visibles a simple vista.

Solución

Cada vez que hablo en una mujer en unos de estos nefastos lugares hago lo siguiente:

  • Entro hablando como si fuera un payaso retrasado y las hago reír.
  • Luego de una hora de comportamiento de infradotado pero gracioso empiezo a hablar de temas serios. Por ejemplo habló sobre que me comporté con un idiota en la última hora porque no tengo opción en esto lugares de mierda. Una surte de meta análisis de la interacción. Eso siempre lo encuentran interesante.
  • Empiezo a conectar hablando de cosas que a ambos nos apasionan y de temas emocionales.

Si se da una buena interacción y realmente conectamos continúo y que pase lo que pase. Eso sí, jamás pido teléfonos, jamás. No voy a jugar al jueguito del chat. Ese no es mi juego. Si no te va, raja de acá pelotuda. Soy muy determinante en ese aspecto.

  • Si ella realmente quiere seguir conociéndome que ella me pida a mí el celular y que luego me llame. Nada de mensajitos. A los sumo acepto mensajes de voz pero nada más. Y se lo aclaro.

Normalmente, las mujeres que llaman o me contactan han resultado las mejores relaciones que he tenido. Por supuesto, si te pide demasiado rápido tu teléfono puede que esté desesperada y que tenga una autoestima poco saludable. Pero estos casos son fáciles de detectar: te lo piden muy rápido y no se caracterizan por ser muy atractivas. Hasta a veces son agresivas y están un poco locas. Pero sacando estos tristes casos patológicos, si al final de una reconfortante charla, ella te pide el teléfono y luego llama o manda mensaje de voz, estás ante una mujer que vale la pena y créeme cuando te digo que descartaste bastante basura.

Claro que este consejo es ideal para bares y boliches donde la basura humana se junta a patadas. En otros lugares normales donde haya gente copada podes sencillamente actuar como un adulto y pedir el teléfono. Sí la chica tiene una autoestima saludable y una alta inteligencia emocional, las cosas se van a dar solas como debe ser.