A veces pareciera que es más fácil no ser desgraciado que ser feliz. Nos levantamos pensando en lo desgraciado que somos por aquella situación laboral, por aquel problema con nuestra pareja, o porque simplemente no soportamos la soledad. Nos amargamos la vida pensando en lo que nos falta, en lo que nos sale mal. No nos damos cuenta que hemos naturalizado el hábito de sencillamente amargarnos la vida, de ver el vaso medio vacío. Ignoramos que los hábitos que forjamos día a día marcan nuestro destino.

Es tan simple empezar bien el día, tan simple predisponernos para que esa mañana arranquemos de la mejor forma posible. Todos estamos de acuerdo de que si, antes de abrir los ojos, en esos segundos que existen entre la vigilia y el sueño, cuando recuperamos la conciencia, nos repetimos en forma contante “hoy va a ser el mejor día de mi vida”, efectivamente nuestro estado de animo a lo largo de la jornada va ser excepcionalmente más positivo.

Ya ha sido demostrado que podemos programar la jornada mentalmente y alterar nuestro estado de ánimo para que éste trabaje a nuestro favor. Es algo que las neurociencias, la psicología y otras disciplinas se han cansado de demostrar. Ahora bien, ¿Porque a pesar de toda la evidencia científica seguimos afirmando que esto no es así? ¿O, pese a que admitimos que es verdad, no lo aplicamos?

A veces tendemos a creer que la mente solo puede enfermarnos. De ahí la expresión “hacerse mala sangre”. Sin embargo, si admitimos que la mente tiene el poder para enfermarnos, ¿Porque no considerar que tiene el poder para curarnos, para hacernos más dichosos? Es una cuestión de creencias. Las palabras generan realidades.

La felicidad es la condición natural de los seres humanos, sino miremos a los niños pequeños. El problema es que lo olvidamos y absorbemos los hábitos externos de nuestros padres, de la escuela, de la sociedad. Somos felices por naturaleza y aprendemos a ser desgraciados. Sin embargo, tenemos el poder de revertir esta situación. Utilizando los pensamientos podemos alterar nuestro estado emocional.

Por ejemplo, si estamos en una situación que nos pone nerviosos o nos deprime, lo primero que debemos hacer es preguntarnos: “¿Cómo quiero sentirme en este momento? Y luego pensar “¿Qué puedo hacer para sentirme de esa forma”?

Y esta segunda pregunta, precisamente nos lleva al reino de los pensamientos. Aquí lo que debemos hacer es traer a nuestra mente aquellos pensamientos que nos hagan sentir las emociones que queremos sentir. Al principio este hábito de traer pensamientos constructivos a nuestra mente será consciente pero al pasar el tiempo y repetirlo una determinada cantidad de veces, lo interiorizamos, volviéndose inconsciente, es decir transformándose en un hábito.

El primer paso para trasformar los malos hábitos es ser conscientes de ellos y aprender a identificarlos. Hay cierto tipo de pensamientos que sencillamente no nos sirve y por eso debemos aprender a cuestionarlos. Debemos incorporar el hábito de analizar cada pensamiento, creencia y/o juicios que se atraviesa por nuestra mente. Luego de identificarlos debemos hacernos las preguntas mágicas: “¿Para qué pienso esto?”, “¿Me sirve pensar/ creer esto?”, “¿Qué puertas me abre y qué puertas me cierra?” “¿Qué cosa me conviene creer/ pensar en vez?”

Al crecer, en distintos ámbitos, las personas nos llenan la cabeza con ideas de cómo debe ser el mundo. Es decir cómo, para ellos es y deben ser las cosas. Y, en la mayoría de los casos, las aceptamos sin siquiera cuestionarlas. Si la otra persona es segura y/o arrogante y nosotros somos débiles de carácter, aceptaremos cualquier idea que se nos imponga.

Parte de cuestionar las creencias con las que la sociedad y las personas nos bombardean, consiste en desarrollar el carácter para hacer frente a estas situaciones y así tener el temple de decir: “No”, “No estoy de acuerdo” “¿Quién lo dice?” . Esta última pregunta es ideal para los típicos comentarios que son emitidos diariamente por las más arrogante bocas tales como: “Las cosas son así”, “El mundo funciona así”, “Tienes que hacer eso”, “Debes hacer lo otro”.

¿Quién lo dice?  ¿Acaso existe algún manual de la vida en la que está establecido que las cosas “deben ser” así? ¿O que “hay que” actuar así en tal o cual situación? ¿Se acuerdan de la historia de Pancho, que con su ingenuidad desafió la actitud arrogante y sobradora de aquella treintañera resentida? Te sugiero leer dicha historia que ilustra esta situación.

También cuando alguien dice “porque todo el mundo lo hace”, “porque todo el mundo sabe que…”, debemos tener el temple de replicar con seguridad: “¿Quién es todo el mundo? ¿Diez personas? ¿Cinco? ¿Una? Me parece que “todo el mundo” es poco representativo, ¿No crees?”

Hay personas que con su arrogancia y agresividad intentaran hacernos dudar de nosotros mismos. Usaran todos los artilugios para que nos quebremos y cedamos. Incluso llegaran a agredirnos e intentaran humillarnos. Lo principal en estos momentos en mantener la convicción de que estamos en lo cierto teniendo claro cuáles son nuestros valores. No debemos dejar que nos afecte el actuar del otro.

Si efectivamente esta persona está intentando hacernos sentir mal al ridiculizarnos antes terceros está en nuestra decisión evitar que eso nos afecte. Él quiere que te enojes, que pierdas el control ¿Vas a dejar que ello te afecte? ¿Le vas a entregar a esa persona el poder de alterar tu estado de ánimo?

Y si realmente es una persona tóxica ¿Porque lo mantienes cera de ti? La idea es que te rodees de personas positivas, pro activas y que aporten algo a tu vida. Cuyos hábitos saludables puedas incorporar a tu repertorio de habilidades y buenos hábitos. Y si tienes que lidiar con personas tóxicas porque no tienes opción, aprende a ser amo de tus emociones y a poner límites. Ten en claro cuáles son tus valores, que toleras, en que situaciones estas dispuesto a ceder y cuando lo que ocurre es inaceptables.

Recuerda que cuando no somos congruentes con nuestros valores nuestra mente sufre y nos habituamos a ceder. Debemos aprender actuar cuando algo va en contra de nuestros valores y debemos saber cuándo es el momento de ceder. Por supuesto siempre controlando nuestro estado de ánimo

¿Quieres desarrollar el carácter? Te propongo el siguiente ejercicio Haz una lista con tres columnas. En la primera columnas escribe las cosas que puedes aceptar o tolerar en lo concerniente al comportamiento de otros o situaciones específicas. En la segunda las cosas que dependerán de la situaciones, las que estás dispuesto a negociar. Finalmente, en la tercera columna, escribe aquellas cosas que no estás dispuesto a tolerar.

Por ejemplo nos estas dispuesto a que humillen a un amigo o a que te insulten. Una vez hecha esta lista serás consciente de cuál es tu medida estándar, tu parámetro para juzgar cada situación. Ya no tendrás excusa. Ahora será tu responsabilidad ser congruente o no con tus valores. Es tu elección.

Una aclaración: este artículo fue escrito para una persona con una autoestima saludable. Lamentablemente hay muchas personas que viven victimizándose y echándole la culpa a los demás de todos sus problemas. Personas que viven pensando que “el otro” le hace las cosas “a propósito” y que quiere humillarlo o herirlo cuando en realidad no es así. Que buscan ofenderse para ser “pobres víctimas”.

Estas personas también son muy tóxicas y si eres una de ellas te sugiero que trates de ser consciente de lo que haces para intentar cambiarlo. Sé que es fácil vivir en un mundo donde tú eres la víctima. Evita que tomes responsabilidad. Pero en el largo plazo acabará por destruirte.

Por eso cuando crear que una persona te hizo algo “a propósito” recapacita y analiza sino está en tu cabeza. Si tienes las sospecha de que es así hablar con esa persona para así darte cuenta de cuando es real y cuanto está en tu maquinada cabeza.

Lee: La víctima y el manipulador