Con la excusa de estar siempre ocupados, ya sea en el trabajo, en el estudio o simplemente de fiesta en fiesta, no nos hacemos preguntas básicas que determinan nuestra calidad de vida. Valdría la pena hacer una pausa, respirar y reflexionar.

Según los sociólogos, yo pertenezco a una generación muy particular: la generación Y, que según he leído abarca a aquellos nacidos entre 1980 y 1995 aproximadamente. Antes viene la llamada generación X, y luego los pertenecientes a la generación Z.

GENERACIÓN X

Son aquellas personas que vivieron su adolescencia y juventud en las décadas de 1980 y 1990. A diferencia de sus predecesores, los baby bomers, ellos están acostumbrados a un mundo cambiante donde su principal capital es su intelecto, el cual, nutren con miles de seminarios y maestrías cuyo único objetivo es evitar la obsolescencia.

Saben que, a diferencia de sus padres y abuelos, no podrán trabajar toda su vida en la misma empresa y que su mejor posibilidad de supervivencia es la adquisición constante de formación profesional que les permitan ser más valiosos que otros para así escalar de posición entre compañía y compañía, trabajando 24 hora al día y adorando a los nuevos ídolos del mundo moderno: los CEOs y gerentes generales. Dioses de sangre azul cuya posición en la empresa es el sello de su linaje real. Para esta generación, el lema que marca sus vidas es simple: el tiempo es dinero, evoluciona o muere.

A mí me ha tocado nacer en una era extraña. Según los sociólogos pertenezco a la primera generación de los millennials. En teoría, no pertenezco a la generación descrita en el apartado anterior ni tampoco a los perteneciente a la generación Z (aquellos que han nacido con un celular insertado en sus cerebros y que han vivido su infancia con el crecimiento de la Internet). De alguna forma, estoy en un limbo entre ambas generaciones y me toca a mí decidir a cuál pertenezco. La mayoría de mis compañeros de la Universidad, eligieron el paradigma de la generación X.

EL SISTEMA UNIVERSITARIO CLARAMENTE SE HA ADAPTADO MÁS AL PENSAMIENTO DE LA GENERACIÓN X QUE AL DE LA GENERACIONES SUBSIGUIENTES, CONVIRTIENDO A LA EDUCACIÓN EN UNA MERCANCÍA. EL CRECIMIENTO EXPONENCIAL DE LA UNIVERSIDADES PRIVADAS Y LA OFERTA ACADÉMICA EN LOS ÚLTIMOS 20 AÑOS HA SIDO EVIDENCIA ELLO.

Yo probé ese camino y no me gustó. Estudié una carrera universitaria y dos maestrías, las cuales solo me dejaron un sabor amargo y un vacío interior. Trabajé para una empresa internacional para descubrir que los gerentes (no importa si son de Estados Unidos o de China) son de carne y hueso como yo. Incluso su sangre también es roja. La mayoría de mis ex compañeros universitarios aún están convencidos de que se trata de deidades y que deben ser temidos. Me río al pensar en ello.

En este sentido estoy más de acuerdo con el paradigma de la generación Z (nacidos luego 1995):

“La autoridad proviene del conocimiento, no del cargo que una persona ocupa y el respeto debe ganarse”.

GENERACIÓN Z

Plantea un paradigma de independencia y libertad el cual promueve a sus seguidores a emprender proyectos, ya sea empresas, movimientos, redes, etc…En este sentido el desarrollo de la Internet parece acompañar dicha mentalidad y proveer las herramientas para materializarla. Si bien he tenido el placer de conocer a muchos de esta generación que están encaminados en sus vidas como emprendedores, ellos parecen ser la excepción y no la regla.

La mayoría se encuentran perdidos en el nihilismo absoluto: han obtenido la libertad que sus padres han deseado pero no saben qué hacer con ella y el vacío existencial los carcome por dentro. Una minoría busca en la espiritualidad y el desarrollo interno las claves para llenar ese vacío y para encontrarle un propósito a su vida. Un camino largo y arduo que en el largo plazo tiene su recompensa. La mayoría toma el atajo y llena dicho vacío tomando la salida fácil: llenarse de sustancias (legales o ilegales) para huir de la realidad y vivir el presente de una forma auto destructiva. Desde los 13 años consumen drogas sintéticas (tan de moda y tan normalizadas gracias a la apatía parental) y llegan a los 20 años con serios trastornos cognitivos productos del daño cerebral auto ocasionado. En este sentido me sobran las anécdotas para describir esta triste realidad.

Y de nuevo vuelvo a mí, ¿Dónde estoy parado? He recorrido el camino de las dos generaciones nombradas y sin embargo me cuesta ubicarme en alguna. Si bien me acerco más a la generación Z que a la X, los rótulos me son indiferentes.

Reflexiono sobre la inutilidad del sistema universitario hoy en día, convertido en una mercancía y siento genuina preocupación por los males que aquejan a las distintas generaciones que juzgan a las otras sin siquiera conocerlas. Recuerdo que hace unos meses me encontré por la calle con la madre una amigo de la infancia. Al igual que yo, él también ha decidido salirse del paradigma impuesto por la sociedad y sus padres, y se ha animado a emprender su propio camino para centrarse en su pasión. Abogado recibido en las más caras y prestigiosas universidades, actualmente se dedica a la comedia Stand up.

Su madre preocupada, me comenta:

  • “La verdad yo no los entiendo. Tu armándote una empresa de coaching y teatro, el otro con el stand up ¿Quién los entiende?”

A lo que yo replico:

  • “Bueno, cada uno decidió buscar su camino y su pasión.”

A lo que ella responde:

“BUENO SI, PERO EL QUE HACE LO QUE LE GUSTA SE MUERE DE HAMBRE.”

Ante esta afirmación yo respondo: “SABES CUANTAS PERSONAS CONOZCO QUE SE DEDICAN A LO QUE AMAN Y LES VA MUY BIEN?” ELLA SE QUEDÓ SE CALLADA.

Por supuesto, su afirmación responde a una característica generacional y cultural presente en aquellos nacidos en los años 50: para ser exitoso hay que hacer una carrera universitaria y conseguir un trabajo de por vida. Claramente la definición de lo que “hay que hacer” es muy subjetiva y depende de la mentalidad de cada uno. Los tiempos cambian y las definiciones también.

¿QUIERES HACER LO QUE AMAS POR EL RESTO DE TU VIDA Y SER EXITOSO?

Tu destino está en tus manos. Lo generacional, evidentemente no está determinado únicamente por la edad sino por una forma de ver el mundo y una actitud hacia la vida. Los recursos están a tu disposición si quieres verlos, si te atreves a usarlos. Por supuesto, siempre y cuando ya sepas lo que quieres y para qué lo quieres. Tal vez estás tan ocupado trabajando y/o estudiando hasta morir, o matándote lentamente en una orgía de alcohol y drogas, que no tienes tiempo para preguntártelo. No lo sé. Aun así, vale la pena que te detengas y te hagas estas preguntas. La vida pasa muy rápido.

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