Siguiendo la ley probabilística de los grandes números, si encaras mujeres todo el tiempo, un porcentaje va a responder receptivamente y, probablemente, de esa muestra puedas acostarte con unas e incluso llegara establecer una relación con otras. Como lo expresa el genial Heriberto Cruz: 
“Es un hecho, si vas por el mundo acercándote a mujeres y preguntándoles de buenas a primeras ¿Quieres ser mi novia? En algún momento alguien te va a decir que sí. Ya lo dice el dicho: Para todo roto hay un descosido. Los porcentajes pueden variar, pero de que te toca alguna dispuesta ¡te toca!” 
Este es el método que siguen miles de personas en el mundo y hay que admitir que tiene sus ventajas: si logras mantenerte en el juego el suficiente tiempo empiezas a desarrollar un poderoso caparazón contra el rechazo. Al principio te duelen las negaciones pero con el tiempo empiezan a resbalarse en tu cada vez más gruesa armadura. 

La desventaja es que, normalmente, terminas enamorándote, casándote y/o dependiendo emocionalmente de la primera persona más o menos atractiva que se acueste contigo, o que te preste la suficiente atención para hacerte sentir un poco querido. Es preciso aclarar que esto también lo hacen muchas mujeres. 

Miles de personas hacen esto: el temor de no encontrar a alguien con características físicas y/o emocionales que consideramos atractivas, el temor de no ser capaces de enamorar a alguien más atractivo y, sobre todo, el temor a estar solos, hace que se afiance el compromiso. Con esto no quiero decir que sea malo, no. Muchas parejas que se formaron de este modo son felices, pero muchas más viven una vida de callada desesperación. Rubén Armendáriz Ramírez afirma en su libro “Ayudando a amar amando”: 

“Como nuestras expectativas en el trato con los otros son ocultas, la mayoría nos encontramos relacionándonos con cierta dosis de dependencia psicológica y emocional (ya sea en un plano consciente o inconsciente). Como resultado, nos sentimos muy dispuestos a convivir con alguien en la medida en que nos satisfaga o nos gratifique en algún sentido. Por lo tanto, un primer paso para aspirar a una convivencia sana y armoniosa es conocer los patrones limitantes y repetitivos de nuestra historia personal. Por ejemplo, puede que nuestra ira o miedos sean “disparados” hoy día por la historia de gritos autoritarios de nuestros padres. De ahí la importancia de comprender las heridas emocionales que han dejado una huella significativa en nuestra vida.” 

La idea es que podamos mejorar nuestras creencias y temores para poder precisamente tener relaciones significativas y sanas en donde ambos miembros de la pareja puedan disfrutar plenamente de la relación. 

Amar o idealizar: la historia sin fin 

Cuantas veces he escuchado decir a un hombre “Es que soy muy enamoradizo”. Dice que cada vez que se pone a salir con una chica se “enamora” y a las semanas se pone a “noviar”. También suelo escuchar que a los dos meses lo dejan por otro. ¿Cuál es el problema con estos sujetos? Muy simple: tienen una mentalidad de escasez más grande que una mansión hollywoodense. Es decir que entran en la categoría de los señores que no suelen conquistar demasiadas mujeres, es decir aquellos caballeros que están con las mujeres que acceden a estar con ellos (que les “dan pelota”) y no con la que realmente quieren estar. 

Cuando de milagro (o por medio de factores externos) una mujer que realmente les gusta les corresponde se vuelven locos de alegría y se “enamoran”. En primer lugar, déjenme decirles que estos hidalgos bastardean el concepto amor como las mujeres bastardean el concepto de amistad cuando le dicen a alguno de sus mulos (hombre frustrado que no se anima a tirársele a la mujer que le gusta y permanece como su amigo) la famosa frase “te quiero como amigo”. Así como un mulo no es el amigo de la mujer de la que está detrás, los hombres que se “enamoran” fácilmente, en realidad, confunden el concepto de enamorarse con la idealización de una persona. Es decir, lo que hacen realmente es idealizar a esta mujer y pensar que se trata del amor de su vida y que al haber encontrado ese amor de película todos sus otros problemas de la vida se van a solucionar. O sea caen en la trampa de solucionar sus problemas internos (baja autoestima, mentalidad de escasez, etc…) con una solución externa. El amor es algo más complejo que la idealización bastarda de una mente con extrema privación. Lleva tiempo conocer a una persona y el amor es algo que se construye de a dos y se debe trabajar para mantenerse. Y no siempre es fácil. Pregúntenles a los matrimonios que llevan 10 o 25 años de casados. 

En fin, como en el fondo estos hombres saben que lo externo ellos no lo pueden controlar (no se puede controlar el clima y mucho menos la voluntad de una persona) sienten un miedo terrible a que esa mujer los deje. Sumidos en su temor comienzan a realizar acciones que, paradójicamente, los llevan a que “el amor de su vida” los deje por un hombre más seguro y con una mentalidad de abundancia ¿Qué hacen? Le dicen: “Te amo” “Te quiero” “Eres el amor de mi vida” “Desde que estoy contigo me siento el hombre más feliz de la tierra”. A su vez le hacen millones de patéticos regalos como flores, perfumes, ositos de peluche y otros objetos patéticamente estereotipados. 
Cabe aclarar que a la mayoría de las mujeres les gusta escuchar este tipo de frases y recibir este tipo de regalos (por más cliché que pueda llegar a ser) pero, ¡¡¡No a las dos semanas de conocerse!!! Solamente le diremos ese tipo de frases al cabo de, por lo menos seis meses o un año a lo sumo ¿Por qué? Solo el tiempo no permitirá conocer a esa mujer y realmente saber lo que sentimos por ella. Y sí, seguro que podemos regalarle cosas estereotipadas, como bombones y flores, y será un lindo gesto. Pero más tierno sería regalarle algo específico que le guste a ella. Digo, si para ese entonces la hemos conocido bien, sabremos cómo sorprenderla, y no hay nada más romántico para una mujer que una linda sorpresa: regalarle algo que solo pocas personas saben que le gusta. Como por ejemplo ese pendiente que usa un personaje de su serie de anime favorita o esa pulsera que le recuerda uno de los más memorables veranos de su infancia. 

En fin, lo que termina ocurriendo es que la mujer los deja al mes o a los dos meses (si es que aguantan tanto) porque, como he dicho anteriormente, no hay nada más repelente para una mujer que un hombre necesitado. Y por supuesto, cuando los dejan se derrumban. De pronto todos sus problemas (que nunca se fueron) reaparecen y por supuesto, ¿Qué es lo que hacen? En lugar de hacerse responsables de sus temas y resolverlos, echan la culpa al afuera, en este caso a la respectiva damisela: “Ella me dejo”, “Es una hija de puta, la odio”, “Me arruinó, ¿Cómo me hace esto?”, “Es una puta”, etc…Nadie te ha hecho nada, tu eres el responsable de lo que te pasa dentro tuyo, tu eres el dueño de tu destino y el capitán de tu alma. Si quieres tomar el timón por supuesto.