«¿De qué hablo? ¿Cómo hago para hablar durante horas y tirar un tema de conversación tras otro?» Esta es probablemente la pregunta que más escucho de hombres que quieren mejorar con las mujeres.
Y la respuesta te va a sorprender por lo simple que es: no necesitás temas especiales. Necesitás una actitud diferente.
Pensá en esto: cuando hablás con un amigo, ¿alguna vez te quedaste sin temas? Probablemente no. Saltan de fútbol a política, de una anécdota a un chiste, de un plan a una opinión. Fluye naturalmente. ¿Cuál es la diferencia con una mujer que te gusta? La presión de impresionar.
Cuando querés impresionar, te bloqueás. Cuando simplemente querés pasarla bien, la conversación fluye.
El secreto: tratála como a un amigo
La mejor forma de generar empatía con alguien es tratarlo con familiaridad. ¿Por qué? Porque a todos nos gusta que la gente nos trate así. Hablar de temas interesantes en forma natural e informal nos relaja a todos.
Cuando estamos relajados hablando con amigos, transmitimos emoción al hablar porque simplemente nos interesa expresarnos, no impresionar al otro. Esa es la clave: hablá para expresarte, no para impresionar.
El ejercicio de la transición natural
Empezá a hablar con un amigo sobre algún tema que te apasione. Cuando sientas que tu energía está al máximo — esa necesidad de compartir tu opinión — andá y comunicáselo a la persona que tengas más cerca.
Así de simple. Aprovechá ese estado de energía y lleválo a una interacción nueva. Cuando te des cuenta, estás debatiendo con una, dos o más personas, cambiando de tema naturalmente.
Ejemplo real 1: La epifanía en el bar
Estaba en un bar con un amigo y le empecé a comentar algo que me emocionaba. En ese momento, salí corriendo hacia un grupo de dos mujeres y les conté con toda la emoción lo que acababa de descubrir. Una de ellas respondió y empezamos a hablar de viajes y países lejanos.
¿Qué pasó acá? No usé ninguna frase armada. Simplemente compartí algo que me generaba emoción genuina. La emoción es contagiosa.
Ejemplo real 2: El francés en Plaza Serrano
Una vez en Plaza Serrano escuché a alguien hablando francés. Sin dudarlo, me acerqué y le empecé a hablar en francés coloquial. El tipo se rió porque no esperaba escuchar a un argentino hablando tan informal en su idioma. Empezamos a charlar y resultó que era parte de un grupo enorme de estudiantes extranjeros.
¿Qué hice? Simplemente reaccioné a algo del entorno con curiosidad genuina. No planifiqué nada. No necesité un tema especial.
Lo que realmente importa no es el tema, es la energía
Podés hablar de cualquier cosa: del clima, de la cerveza, de la música que está sonando, de un viaje que hiciste. El tema es lo de menos.
Lo que importa es la energía con la que lo decís. Si hablás de algo que genuinamente te interesa con entusiasmo real, la otra persona se va a enganchar. Si hablás de un tema «interesante» pero con la energía de un velorio, no va a funcionar.
Dejá de buscar el tema perfecto y empezá a hablar de lo que genuinamente te importa. Eso es infinitamente más atractivo que cualquier frase ensayada.
Sobre el autor
Soy Nicolás de Marco, director de Uniseducción y coach ontológico certificado. Trabajo con hombres que se bloquean a la hora de hablar con mujeres y los ayudo a desbloquear su comunicación natural.
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